Un lugar vivo de memoria en el corazón de Nueva York.

El complejo original del World Trade Center se alzó en el Bajo Manhattan a finales del siglo XX como símbolo de intercambio global y del perfil de Nueva York. Tras los atentados del 11‑S y la bomba del 26 de febrero de 1993, el lugar se convirtió en espacio de duelo, recuperación y propósito colectivo. Un proceso de consultas con familias, supervivientes, personal de emergencia y el público dio forma a la visión de un memorial digno y un museo que educa con cuidado.
El Memorial y Museo Nacional del 11‑S es hoy un espacio dedicado al recuerdo y al aprendizaje. El Memorial sitúa la ausencia y la reflexión en el centro, mientras el Museo traza los relatos de la jornada, sus resonancias y la recuperación que siguió. Juntos, sostienen el compromiso de honrar cada nombre y compartir un contexto que promueve la comprensión.

En la mañana del 11 de septiembre de 2001, ataques coordinados golpearon a Estados Unidos, incluidas las Torres Gemelas del World Trade Center. La jornada transcurrió con una profunda pérdida y actos extraordinarios de valentía, mientras personal de emergencia y civiles ayudaban en evacuaciones y rescates. El impacto se extendió más allá de Nueva York, tocando familias y comunidades en todo el mundo.
Las exposiciones históricas del Museo presentan una cronología mesurada de los hechos y sus consecuencias inmediatas. Mediante artefactos, grabaciones y testimonios, los visitantes se acercan a historias personales que iluminan la resiliencia, la solidaridad y el largo proceso de recuperación.

El Memorial honra a quienes murieron en el atentado de 1993 al World Trade Center y reconoce la continuidad de la memoria a través de ambos ataques. Sus nombres, grabados con el mismo cuidado, afirman el compromiso de recordar cada vida.
En el Museo, los recursos de contexto sitúan el atentado de 1993 en la historia más amplia, compartiendo relatos que subrayan la resiliencia de las comunidades neoyorquinas y la dedicación del personal de emergencia.

Las dos Piscinas ocupan exactamente las huellas de las torres. El agua desciende de forma continua, invitando a la contemplación. Los parapetos de bronce alrededor de cada piscina llevan los nombres de casi 3.000 víctimas de 2001 y de las seis de 1993, agrupados por vínculos y afinidades significativas.
Este diseño invita a recorrer los contornos de la pérdida y ofrece un espacio para el recuerdo personal. El sonido del agua y la apertura de la plaza crean un entorno solemne y acogedor, un lugar público donde la memoria se comparte.

Dentro del Museo, las exposiciones históricas y conmemorativas presentan artefactos —desde elementos estructurales hasta objetos personales— junto a historias orales, fotografías y multimedia que fomentan la comprensión. El enfoque es pausado y respetuoso, permitiendo avanzar a un ritmo que se sienta cómodo.
Los programas educativos y recursos apoyan a estudiantes, familias y personas de todas las edades, conectando relatos individuales con temas más amplios de resiliencia, servicio y responsabilidad cívica.

Descubierto entre los escombros y cuidado hasta su recuperación, el Árbol Superviviente es un símbolo vivo de perseverancia. Cada primavera, se comparten plantones con comunidades que han sufrido tragedias, extendiendo un gesto de solidaridad.
Memorial Glade honra a quienes sufrieron o fallecieron por efectos de salud relacionados con el después, así como a quienes participaron en los esfuerzos de recuperación más allá del propio día.

El campus incluye el centro de transporte Oculus, plazas exteriores y señalización clara hacia las entradas del Memorial y del Museo. Reserve tiempo para desplazarse con calma, especialmente en períodos de afluencia.
Cerca se encuentran la capilla de St. Paul’s, el One World Observatory y el 9/11 Tribute Museum, operado por otra organización; planifique su día sin prisas.

Se requiere control de seguridad para entrar al Museo. La plaza del Memorial es al aire libre y accesible, con rampas y caminos lisos. Dentro del Museo hay ascensores, asientos accesibles y servicios.
Revise avisos sobre clima, mantenimiento o eventos especiales. El personal está presente para ayudar y mantener un entorno respetuoso.

Conmemoraciones anuales, momentos de silencio y programas educativos sostienen el recuerdo y la conexión comunitaria. Familias, supervivientes y personal de emergencia guían tradiciones centradas en la dignidad y el cuidado.
El espacio es a la vez público y personal. Se invita a los visitantes a mostrar respeto silencioso, concediendo tiempo y lugar para las reflexiones propias.

Reserve acceso con horario al Museo para una visita sin prisas. Audioguías y visitas guiadas encuadran la historia con claridad y cuidado.
Hay descuentos, membresías y opciones educativas para grupos. Revise las ofertas actuales en el sitio oficial antes de reservar.

La administración del Memorial y del Museo garantiza nombres legibles, caminos accesibles y exposiciones sostenidas. La filantropía y la membresía ayudan a mantener los programas y el cuidado del lugar.
Los recursos educativos conectan la historia con valores cívicos, promoviendo el diálogo y la transmisión de la memoria entre generaciones.

El Oculus conecta varias líneas de metro y los trenes PATH, ofreciendo acceso interior al campus. El One World Observatory brinda vistas panorámicas desde la cima del One World Trade Center.
La capilla de St. Paul’s, superviviente histórica del día, está muy cerca. Planifique con calma si desea visitar otros lugares.

El Memorial y Museo del 11‑S es un lugar donde se honran nombres, se cuenta la historia con cuidado y se reflexiona sobre pérdida, resiliencia y comunidad. Es un espacio cívico, abierto a todos, sostenido por la memoria y el aprendizaje.
Su visita ayuda a preservar la memoria, apoya la educación y subraya un compromiso compartido con la empatía y la comprensión.

El complejo original del World Trade Center se alzó en el Bajo Manhattan a finales del siglo XX como símbolo de intercambio global y del perfil de Nueva York. Tras los atentados del 11‑S y la bomba del 26 de febrero de 1993, el lugar se convirtió en espacio de duelo, recuperación y propósito colectivo. Un proceso de consultas con familias, supervivientes, personal de emergencia y el público dio forma a la visión de un memorial digno y un museo que educa con cuidado.
El Memorial y Museo Nacional del 11‑S es hoy un espacio dedicado al recuerdo y al aprendizaje. El Memorial sitúa la ausencia y la reflexión en el centro, mientras el Museo traza los relatos de la jornada, sus resonancias y la recuperación que siguió. Juntos, sostienen el compromiso de honrar cada nombre y compartir un contexto que promueve la comprensión.

En la mañana del 11 de septiembre de 2001, ataques coordinados golpearon a Estados Unidos, incluidas las Torres Gemelas del World Trade Center. La jornada transcurrió con una profunda pérdida y actos extraordinarios de valentía, mientras personal de emergencia y civiles ayudaban en evacuaciones y rescates. El impacto se extendió más allá de Nueva York, tocando familias y comunidades en todo el mundo.
Las exposiciones históricas del Museo presentan una cronología mesurada de los hechos y sus consecuencias inmediatas. Mediante artefactos, grabaciones y testimonios, los visitantes se acercan a historias personales que iluminan la resiliencia, la solidaridad y el largo proceso de recuperación.

El Memorial honra a quienes murieron en el atentado de 1993 al World Trade Center y reconoce la continuidad de la memoria a través de ambos ataques. Sus nombres, grabados con el mismo cuidado, afirman el compromiso de recordar cada vida.
En el Museo, los recursos de contexto sitúan el atentado de 1993 en la historia más amplia, compartiendo relatos que subrayan la resiliencia de las comunidades neoyorquinas y la dedicación del personal de emergencia.

Las dos Piscinas ocupan exactamente las huellas de las torres. El agua desciende de forma continua, invitando a la contemplación. Los parapetos de bronce alrededor de cada piscina llevan los nombres de casi 3.000 víctimas de 2001 y de las seis de 1993, agrupados por vínculos y afinidades significativas.
Este diseño invita a recorrer los contornos de la pérdida y ofrece un espacio para el recuerdo personal. El sonido del agua y la apertura de la plaza crean un entorno solemne y acogedor, un lugar público donde la memoria se comparte.

Dentro del Museo, las exposiciones históricas y conmemorativas presentan artefactos —desde elementos estructurales hasta objetos personales— junto a historias orales, fotografías y multimedia que fomentan la comprensión. El enfoque es pausado y respetuoso, permitiendo avanzar a un ritmo que se sienta cómodo.
Los programas educativos y recursos apoyan a estudiantes, familias y personas de todas las edades, conectando relatos individuales con temas más amplios de resiliencia, servicio y responsabilidad cívica.

Descubierto entre los escombros y cuidado hasta su recuperación, el Árbol Superviviente es un símbolo vivo de perseverancia. Cada primavera, se comparten plantones con comunidades que han sufrido tragedias, extendiendo un gesto de solidaridad.
Memorial Glade honra a quienes sufrieron o fallecieron por efectos de salud relacionados con el después, así como a quienes participaron en los esfuerzos de recuperación más allá del propio día.

El campus incluye el centro de transporte Oculus, plazas exteriores y señalización clara hacia las entradas del Memorial y del Museo. Reserve tiempo para desplazarse con calma, especialmente en períodos de afluencia.
Cerca se encuentran la capilla de St. Paul’s, el One World Observatory y el 9/11 Tribute Museum, operado por otra organización; planifique su día sin prisas.

Se requiere control de seguridad para entrar al Museo. La plaza del Memorial es al aire libre y accesible, con rampas y caminos lisos. Dentro del Museo hay ascensores, asientos accesibles y servicios.
Revise avisos sobre clima, mantenimiento o eventos especiales. El personal está presente para ayudar y mantener un entorno respetuoso.

Conmemoraciones anuales, momentos de silencio y programas educativos sostienen el recuerdo y la conexión comunitaria. Familias, supervivientes y personal de emergencia guían tradiciones centradas en la dignidad y el cuidado.
El espacio es a la vez público y personal. Se invita a los visitantes a mostrar respeto silencioso, concediendo tiempo y lugar para las reflexiones propias.

Reserve acceso con horario al Museo para una visita sin prisas. Audioguías y visitas guiadas encuadran la historia con claridad y cuidado.
Hay descuentos, membresías y opciones educativas para grupos. Revise las ofertas actuales en el sitio oficial antes de reservar.

La administración del Memorial y del Museo garantiza nombres legibles, caminos accesibles y exposiciones sostenidas. La filantropía y la membresía ayudan a mantener los programas y el cuidado del lugar.
Los recursos educativos conectan la historia con valores cívicos, promoviendo el diálogo y la transmisión de la memoria entre generaciones.

El Oculus conecta varias líneas de metro y los trenes PATH, ofreciendo acceso interior al campus. El One World Observatory brinda vistas panorámicas desde la cima del One World Trade Center.
La capilla de St. Paul’s, superviviente histórica del día, está muy cerca. Planifique con calma si desea visitar otros lugares.

El Memorial y Museo del 11‑S es un lugar donde se honran nombres, se cuenta la historia con cuidado y se reflexiona sobre pérdida, resiliencia y comunidad. Es un espacio cívico, abierto a todos, sostenido por la memoria y el aprendizaje.
Su visita ayuda a preservar la memoria, apoya la educación y subraya un compromiso compartido con la empatía y la comprensión.